Sociedad

Stanford cuestiona el “seguir tu pasión”: solo el 20% tiene una vocación definida

Dos profesores de la universidad estadounidense desafían uno de los consejos más repetidos sobre orientación vocacional. El dato revela que la mayoría de las personas no nace con una pasión clara.

Publicado el

Carpeta de currículum sobre la mesa de una entrevista laboral
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Dos profesores de la Universidad de Stanford, Bill Burnett y Dave Evans, pusieron en duda uno de los mandatos más repetidos en charlas de orientación vocacional: “seguí tu pasión”. Según su investigación, menos del 20% de las personas tiene una vocación claramente definida desde el principio.

El argumento central es que la mayoría de los jóvenes no llega a la adultez con una pasión única y evidente. Para la gran mayoría, la vocación no es algo que se descubre, sino que se construye a través de la experiencia, la prueba y el error.

Esta visión choca con el relato dominante que promete que existe “una sola cosa” que cada persona está destinada a hacer. Burnett y Evans sostienen que esa idea genera frustración innecesaria en quienes no sienten un llamado claro. En cambio, proponen un enfoque basado en el diseño de vida: experimentar distintas opciones, prototipar caminos profesionales y ajustar según resultados concretos.

El estudio que citan muestra que apenas un 18% de las personas encuestadas podía identificar una pasión dominante. El resto se divide entre quienes tienen múltiples intereses o quienes no sienten una atracción fuerte por ninguna actividad en particular.

Desde Santa Fe, donde cada año miles de estudiantes terminan el secundario y enfrentan la decisión de qué estudiar, este debate llega en un momento clave. Las carreras universitarias en la UNL y la UCSF siguen mostrando altos índices de deserción en los primeros años, muchas veces asociadas a la decepción de descubrir que la “pasión” inicial no resistía el día a día de la profesión.

Los autores proponen reemplazar la pregunta “¿cuál es mi pasión?” por otra más práctica: “¿qué problemas me interesa resolver y qué habilidades puedo desarrollar para eso?”. Esta mirada reduce la ansiedad y abre el juego a trayectorias más flexibles.

En la provincia, donde el mercado laboral combina empleo público, agroindustria, tecnología y servicios, la idea de una vocación única choca con una realidad en la que muchas personas combinan varias actividades o cambian de rumbo varias veces a lo largo de su vida laboral.

El mensaje de Stanford no es que la pasión no importe, sino que no debe ser el único punto de partida. La recomendación es probar, iterar y construir una trayectoria que tenga sentido en cada etapa, en lugar de esperar a que una iluminación repentina resuelva el futuro profesional.

Este enfoque ya se viene aplicando en talleres de diseño de vida en varias universidades norteamericanas y comienza a ser discutido en colegios secundarios y universidades argentinas. En Santa Fe, orientadores vocacionales coinciden en que cada vez más estudiantes llegan con angustia por no “sentir” una vocación clara, un malestar que este nuevo paradigma busca aliviar.

← Volver a Sociedad