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Nueva York prohíbe los carruajes tirados por caballos tras muerte en Central Park

La ciudad de Nueva York aprobó la prohibición de los tradicionales carruajes tirados por caballos, que entrará en vigor en junio de 2028, tras un incidente fatal en Central Park. La medida genera fuerte polémica entre defensores de los animales y trabajadores del sector turístico, con Trump saliendo en defensa de la atracción histórica.

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Nueva York prohíbe los carruajes tirados por caballos tras muerte en Central Park
La Nación — General

La ciudad de Nueva York aprobó una ordenanza que prohíbe de manera definitiva los carruajes tirados por caballos en sus calles, una decisión que entrará en vigor en junio de 2028. El detonante fue la muerte de un caballo en Central Park, un hecho que aceleró los reclamos de las organizaciones animalistas que hace años vienen denunciando las condiciones de trabajo de estos animales.

La medida, impulsada por concejales demócratas y apoyada por activistas, busca poner fin a una tradición centenaria que forma parte de la imagen turística de Manhattan. Según los impulsores de la iniciativa, los caballos trabajan largas jornadas en medio del tráfico, el ruido y el asfalto caliente, condiciones que consideran incompatibles con el bienestar animal.

La polémica no se hizo esperar. Del lado de los trabajadores del sector turístico, la prohibición amenaza directamente con cientos de puestos de trabajo. Conductores y dueños de las empresas de carruajes argumentan que se trata de una actividad regulada, con controles veterinarios periódicos y que representa una fuente de ingresos importante para muchas familias de origen inmigrante.

El expresidente Donald Trump, quien siempre mostró afinidad con la tradición neoyorquina, salió rápidamente en defensa de los carruajes. “Es una locura eliminar una de las atracciones más emblemáticas de Nueva York por presión de activistas radicales”, sostuvo en una declaración pública. Su posición refuerza la grieta entre quienes ven en los carruajes un símbolo cultural y quienes los consideran una forma de explotación animal.

Este no es el primer intento de prohibición. En los últimos años se presentaron varios proyectos en el Concejo Municipal, pero siempre encontraron resistencia política y judicial. La muerte del caballo en Central Park, que ocurrió en las últimas semanas, cambió el equilibrio y permitió reunir los votos necesarios para avanzar con la norma.

Desde el punto de vista económico, la actividad genera empleo directo para unos 300 personas y atrae a miles de turistas cada año. Los defensores de la prohibición proponen reconvertir a los trabajadores hacia otros rubros turísticos, como bicicletas eléctricas o carruajes ecológicos sin tracción animal, aunque los afectados dudan de la viabilidad de esa transición.

La norma también establece un período de transición hasta 2028 que permitirá a las empresas reorganizarse y, en algunos casos, reubicar a los caballos en santuarios o campos del interior del estado. Las organizaciones animalistas celebraron la decisión como un avance histórico en la protección de los animales en entornos urbanos.

Más allá del caso neoyorquino, el debate resuena en otras ciudades del mundo que aún mantienen este tipo de atracciones turísticas. En la Argentina, por ejemplo, ciudades como Buenos Aires y San Telmo conservan paseos en calesa, aunque con regulaciones más estrictas que en el pasado.

La prohibición de Nueva York marca un punto de inflexión en la tensión entre tradición, economía y derechos animales. Mientras los activistas prepararon campañas para extender medidas similares a otras urbes, los trabajadores del sector ya anunciaron que estudiarán acciones legales para intentar revertir la decisión antes de que entre en vigencia.

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