La provincia

Rosario y sus raíces genovesas: la plaza Imperia, olivos y monumentos a Belgrano

Un recorrido por el patrimonio italo-rosarino que une la historia de la colectividad genovesa con espacios emblemáticos de la ciudad como la plaza Imperia y los monumentos dedicados a Manuel Belgrano.

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Plaza central de una ciudad argentina con árboles y bancos
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

La colectividad italiana, y especialmente la genovesa, dejó una huella profunda en la formación de Rosario. Esa presencia se materializa en espacios públicos, árboles centenarios y monumentos que siguen contando una historia de inmigración, trabajo y orgullo cívico.

En el marco de su columna en el programa A Puro Click, el historiador y docente Eduardo Guida Bria repasó algunos de los hitos que vinculan a Rosario con sus raíces genovesas. Uno de los más significativos es la plaza Imperia, un rincón verde ubicado en el corazón de la ciudad que lleva el nombre de la ciudad ligur de Imperia.

La plaza no es solo un espacio de recreación. Sus olivos, traídos directamente desde la región de Liguria, simbolizan el vínculo vivo con la tierra de origen de miles de rosarinos. Esos árboles resistentes al paso del tiempo son testigos mudos de la ola inmigratoria que a fines del siglo XIX y principios del XX transformó la ciudad portuaria.

“Los olivos de la plaza Imperia son mucho más que ornamentación: son un puente vegetal entre Rosario y Génova”, señaló Guida Bria en su recorrido. La elección de esa especie no fue casual; los genoveses que se radicaron en la zona trajeron consigo no solo costumbres y oficios, sino también elementos de su paisaje mediterráneo.

Además de la plaza, la huella genovesa se expresa en la devoción por Manuel Belgrano, a quien la colectividad honró con dos monumentos distintos en la ciudad. El primero, de carácter más cívico y patriótico, se encuentra en la zona del Monumento Nacional a la Bandera. El segundo, de factura más íntima y barrial, se alza en un sector tradicional donde se concentró la inmigración italiana.

Según el historiador, estos dos monumentos reflejan las distintas etapas de integración de la comunidad genovesa: primero como trabajadores portuarios y agricultores, luego como parte activa de la construcción de la identidad rosarina. Belgrano, figura clave de la independencia, fue adoptado como símbolo por muchos inmigrantes que veían en él un ejemplo de compromiso con la nueva patria.

La colectividad genovesa no solo aportó mano de obra para el puerto y la construcción. También impulsó escuelas, mutuales, clubes y centros culturales que aún hoy funcionan en distintos barrios. La plaza Imperia y los olivos forman parte de ese entramado de memoria que resiste al paso del tiempo y a los cambios urbanos.

Guida Bria recordó que muchos de esos olivos fueron plantados en actos comunitarios donde participaban familias enteras. Hoy, los más viejos superan los cien años y siguen dando frutos. Esos frutos, en algún momento, fueron parte de pequeñas producciones caseras de aceite que recordaban los sabores de Liguria.

La historia de Rosario no se entiende sin la inmigración italiana. Y dentro de ella, el aporte genovés ocupa un lugar destacado por su peso numérico y su capacidad de organización. La plaza Imperia, con sus olivos y su nombre, y los dos monumentos a Belgrano son puntos concretos donde esa herencia se puede tocar, mirar y sentir.

En tiempos donde la identidad urbana se debate entre lo global y lo local, volver a estos espacios permite recordar de dónde venimos como ciudad. No se trata de nostalgia, sino de reconocer que cada baldosa, cada árbol y cada estatua cuenta un pedazo de la historia rosarina que sigue vigente.

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