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Perdón, hijo, me equivoqué: es Messi

Un crack como Maradona, pero distinto. Muchos lo defendieron siempre, contra viento y marea. A otros nos llevó más tiempo. Pero frente a la pantalla y en el mismo sillón de casa, juntos, caímos rendidos ante el más grande de todos los tiempos.

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El 3 de septiembre de 2026, mientras el país entero seguía con atención los movimientos de la Selección y el eterno debate sobre la grandeza futbolística, una reflexión se instaló en miles de hogares santafecinos: "perdón, hijo, me equivoqué, es Messi".

No es una frase cualquiera. Es la admisión de una generación que creció idolatrando a Diego Armando Maradona como el máximo exponente del fútbol argentino y que, con el paso de los años y la acumulación de hazañas, tuvo que ceder terreno ante la evidencia: Lionel Messi es el más grande de todos los tiempos.

En Santa Fe, donde el fútbol se vive con la misma pasión que en Rosario o en los pueblos del interior, esta discusión nunca fue abstracta. Hinchas de Central, de Newell's, de Colón, de Unión y de Atlético de Rafaela se dividieron durante años. Algunos lo tenían claro desde el primer gol en el Camp Nou. Otros, más cautelosos, esperaron la Copa América 2021, el Mundial de Qatar 2022 y las imágenes de Messi levantando trofeos con la albiceleste para bajar la guardia.

El crack rosarino, que tantas veces jugó en el Coloso del Parque y en el Brigadier López, trascendió las fronteras provinciales. Pero su impacto en el interior santafecino es palpable: en canchas de barrio de Esperanza, en los torneos de la Liga Rafaelina o en las charlas de los clubes de Venado Tuerto, el nombre de Messi se convirtió en sinónimo de excelencia y perseverancia.

Muchos padres que defendieron a Maradona con uñas y dientes frente a sus hijos ahora reconocen el cambio. No se trata de restarle mérito al Diez. Maradona es irrepetible, un genio visceral que representó como nadie la rebeldía y el talento criollo. Messi, en cambio, es otra cosa: un jugador metódico, silencioso, casi tímido fuera de la cancha, pero letal adentro. Un tipo que rompió todos los récords sin levantar la voz, que volvió a la Selección en los momentos más difíciles y que terminó ganando todo lo que le faltaba.

En la provincia, donde las ligas regionales siguen siendo el corazón del fútbol amateur, la figura de Messi sirvió también de inspiración para miles de pibes que sueñan con salir del interior. No hace falta ser de Buenos Aires o de Rosario para llegar lejos: él lo demostró naciendo en una ciudad del cordón industrial santafecino.

El debate ya no tiene sentido. La acumulación de títulos, la calidad técnica sostenida durante casi dos décadas y, sobre todo, esa capacidad de hacer felices a millones de argentinos al mismo tiempo, terminaron por inclinar la balanza. Frente al televisor, en el mismo sillón, padres e hijos compartieron esa rendición incondicional.

Messi no solo ganó trofeos. Ganó generaciones. Y en Santa Fe, como en el resto del país, cada vez son más los que pueden decir sin vergüenza: perdón, hijo, me equivoqué. Es Messi.

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