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Recuerdos de una luchadora incansable

El viernes 28 de abril, a sus 93 años, presenta el libro que recorre la historia desde la desaparición de su hijo Jorge hasta la actualidad. “Queca” accedió a una entrevista con Diario Santa Fe en la que repasa los momentos más importantes y más fuertes en su interminable lucha.

Por Mariana Steckler                                                                        (@marianasteckler)

Sebastián De Marco                                                                                          (@sebademarco1)

Fotos: Matías Pintos (@MatiasPintosPH)

Queca Kofman final
Queca Kofman con su libro. (Matías Pintos)

La cita es a las 10:45. El día muestra el otoño en todo su esplendor: mañana fresca y con llovizna espesa. Suena el timbre y Julia (nuera-hija, como la describe Queca) abre la puerta. De inmediato se siente el calor del hogar. Luego de una entrada plagada de recuerdos en formas de fotos, dibujos y poemas Queca da la bienvenida.

Allí está sentada la señora de las infinitas luchas. La que con su Pañuelo Blanco encabeza las marchas del 24 de marzo y luego toma el micrófono para hablar ante un gran silencio de respeto. La que acompañó (juntos a sus compañeras) a cuanto/a trabajador/a la necesitó en su reclamo, la que estuvo presente en los juicos a los represores y la que declaró para que el genocida Antonio Domingo Bussi fuera preso por la desaparición de su hijo Jorge.

Celina Queca Kofman está sentada, a su lado el andador. “Estoy muy viejita, pero aquí estoy”, dice mientras saluda con una cálida sonrisa y un beso. Siempre hay un buen motivo para entrevistarla, pero este es especial. En el marco del 40 aniversario de Madres de Plaza de Mayo y a sus 93 años da un paso más: presenta su libro “Historias y Recuerdos de una Madre de Plaza de Mayo”.

“La verdad que nunca se me había ocurrido escribir un libro. Tengo una amiga que fue mi masajista, Ana Berrá, a la que yo le contaba las historias de mis viajes y ella me dijo que me iba a grabar porque eso no se podía perder y por eso luego me decidí a escribir este libro”.

“Empecé pensando en los viajes al exterior en la lucha con Madres, después ya cambié todo, conté mi historia a partir de la desaparición de Jorge, porque en la vida de una Madre de Plaza de Mayo hay un antes y un después, y esta es la historia después de… que es la historia más fuerte, más terrible”.

El libro de Queca cuenta los viajes con Madres por todo el territorio nacional y por diferentes países: España, Brasil, Bolivia, Canadá, Corea del Sur, entre otros. Pero ese es el “nudo” del libro, porque en realidad es una especie de autobiografía desde que comenzó la lucha hasta la actualidad.

Queca Kofman 1
Queca Kofman (Matías Pintos)

Durante la charla recuerda los años de su juventud en Entre Ríos. Su padre, maestro rural, logró, con mucho esfuerzo, que sus hijos pudieran estudiar. Queca se recibió de maestra en la escuela Normal de Concepción del Uruguay. Con apenas 18 años fue nombrada en General Campos donde conoció a quien luego sería su marido y con quien tendría 3 hijos: Raúl, Hugo y Jorge.

El recuerdo de su hijo menor está presente durante toda la charla. “Entre los tres hermanos se llevaban muy bien, Jorge siempre hacía chistes a todos, mientras yo cocinaba él me tapaba los ojos, siempre jugando”, y la mirada, por un instante, queda como perdida observando esos momentos.

“Cuando Jorge era un niño no me imaginaba todo lo que podía venir. Igualmente, de chico se caracterizó por lo que sería luego. Era rebelde, alegre, no aceptaba órdenes, buen alumno pero no dedicado, en realidad dedicado a otras cosas. Era un soñador. Después empezó a escribir cuando joven como si hubiera tenido un presentimiento de lo que podía pasar”.

Comenzar un camino y enfrentar a la dictadura

“Cuando nos organizamos tuvimos que enfrentar a la dictadura, no fue fácil”, rememora. “Yo era de Concordia, ahí formamos la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Nos unimos a las 14 madres que marcharon primero en la Plaza. Tenemos compañeras desaparecidas”.

“Nos perseguían a nosotras y a nuestros hijos. A mí me llamaban por teléfono y me decían “Vieja boluda, si no te dejás de joder en vez de un desaparecido vas a tener tres”. Eso te hacía dudar bastante, pero mis dos hijos (Raúl y Hugo) me decían: “El que te necesita es Jorge, así que seguí adelante”.

“Los desaparecidos son 30 mil, por más que hoy quieran decir que son 6 mil o 7 mil, son 30 mil, por lo menos, porque a mí me tocó luchar en Tucumán con Hugo y mi esposo (que todavía estaba, antes de enfermarse) y realmente fue algo tremendo, desaparecían familias enteras y no había quién lo denuncie o no se animaban, era gente muy pobre”.

“Me acuerdo de la primera marcha en Santa Fe. Yo estaba en Concordia y con las Madres hacíamos actos pero no querían marchar porque éramos muy poquitas, tenían miedo. Yo me venía los jueves acá, marchaban lo familiares, no estaba formado Madres todavía. Yo quería venir, como dijo alguien en el libro, a cargar las pilas”, dice Queca entre risas.

“Recuerdo a una compañera de Gualeguaychú, una Madre, con quien recorrimos todo Entre Ríos cuando ya había caído la dictadura. Esa compañera fue inseparable, ella en Gualeguaychú y yo en Concordia, y luego desde Santa Fe. Lamentablemente un cáncer terrible la llevó. Eso es algo que observaron los médicos: las madres ninguna se salvó de un cáncer, algunos mortales y otros no. Yo también tuve cáncer, pero hace bastante, ahora estoy bien. Los padres, nuestros compañeros, han muerto del corazón, casi todos”.

“Eso nos preguntan siempre, por qué las Madres y no los Padres. Tal vez hubo ingenuidad. En primer lugar, en aquel momento las mujeres casi no trabajaban afuera, los padres traían el sustento y pensamos que a nosotros no nos iban a hacer nada. Hasta que apareció el Capitán Alfredo Astíz, ahí desparecieron 7 familiares, las monjas francesas, dos madres, entre ellas la primera presidenta de Madres, Azucena Fillaflor. Pero no nos acobardaron, nos daba más fuerza, estábamos unidas por la lucha”.

El aprendizaje de la lucha

“Con las Madres aprendí el valor de que la unión hace la fuerza y de la necesidad de apoyarnos una madre en la otra uniendo nuestro dolor, pero en la lucha. Siempre pensando qué querían nuestros hijos: un mundo mejor para todos, sin diferencias y nos enseñaron lo que es la política de verdad, cómo se puede trabajar juntos desde distintos ámbitos porque eran distintas organizaciones y lucharon por la patria socialista y hoy eso está en las manos de los más jóvenes. La patria para todos, sin gente en la calle, sin gente desocupada”.

A sus 93 años Celina está rodeada de sus seres queridos: “Hoy estoy llena de cariño hacia mis hijos, están incluidas las nueras (se ríe y mira pícaramente a Julia, que escucha atentamente la entrevista) y hacia mis nietos, además tengo 8 bisnietos. La familia de mi hijo menor desaparecido tuvo que exiliarse en la embajada de Israel y allí se fueron, nos vemos poco por cuestiones de dinero. Tengo 4 bisnietos allá, conozco sólo a uno pero me mandan fotos permanentemente”.

La entrevista está por terminar y la intención es saber cómo cree que las generaciones futuras recordarán a Madres de Plaza de Mayo: “No nos interesa que nos recuerden a nosotros, sí que reconozcan la lucha de nuestros hijos. Nosotras somos intermediarias. Somos mujeres comunes que entendimos la lucha de ellos. Fue muy fuerte todo, sin embargo tuvimos la fuerza de entenderlo y de levantar sus banderas, por lo que querían, por lo que soñaron. Socializamos la maternidad, nos convertimos en Madres de 30 mil. Todos son nuestros hijos”.

El grabador se apaga pero la charla continúa. Queca cuenta orgullosa que el dibujo que está en la tapa del libro lo hizo su bisnieta Emilia Kofman de tan sólo ocho años. Brinda detalles de la presentación en la que uno de sus nietos, Marco, le pondrá música a una zamba que escribió su tío desaparecido cuando era joven. Antes de la despedida, Queca reitera la invitación para el viernes 28 de abril, a las 18:30 hs en ATE Casa España cuando presente “Historias y recuerdos de una Madre de Plaza de Mayo”.