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Posdeseo

Un análisis sobre el manejo del discurso político que predomina hoy en la Argentina y sus verdaderas intenciones.

Bolcatto nota opinion
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Por Pablo Bolcatto. Profesor de la Universidad Nacional del Litoral. (@pablobolcatto).

Este año la Real Academia Española decidió incorporar el término posverdad. Remite a consolidar una idea falsa, transformar en verdad una mentira a partir de recurrir al deseo del público, a sus emociones. Alguien con influencia sobre la opinión pública elabora un análisis, una acusación y se posiciona sin sustento empírico pero con raigambre en algún imaginario popular; luego esa idea se soporta en medios de comunicación masivos, y entonces ahí el lector convalida su preconcepción, la sella a fuego. No habrá contraste argumentativo racional, ni información dura que pueda romper la “verdad” ya consolidada. La posverdad es un concepto tecnológico. No podría ser tan efectivo y realizable sin mediar las nuevas tecnologías de la comunicación. La idea falaz es sustentada por iguales quienes en confianza, dando su permiso para ser mirados a través de sus ventanas de intimidad como lo son sus espacios personales de las redes sociales, muestran que el precepto preconcebido verídico es compartido por miles generando así la sensación del posicionamiento genuino y autónomo, sin influencias externas espurias.

 

Desde hace un tiempo se observa y, desprevenidamente, se protagoniza un esquema superador de la posverdad que la nueva derecha ejecuta con maestría. El objetivo es poner en práctica acciones que se reconocen como inapropiadas, desleales y hasta rayanas con el delito. La estrategia es previamente ejecutar acciones de posverdad y depositar en el adversario las cualidades negativas y condenables que se quieren implementar. La acción operativa comienza con un enunciado atractivo que se contrapone con la meta prefijada. Una vez que el imaginario popular identifica al reo vicioso es posible entonces procurar el objetivo primigenio partiendo de un enunciado esperanzador: “al estar asignados sobre el otro mis propios deseos pecaminosos, gozo de una coraza de defensa de impunidad casi infranqueable que me permite avanzar de forma segura”, enuncia el estratega antes de proceder.

 

Leídos en esta clave se pueden identificar ejemplos argentinos actuales en los cuales los funcionarios y sobre todo las políticas del gobierno anterior juegan el papel de reo vicioso:  “Nuestra estrella polar es la productividad” (pero se generan condiciones económicas que destruyen a las Pymes), “Haremos una revolución educativa de calidad” (pero se escribe el Plan Maestr@ que desarticula las leyes educativas fundamentales), “Queremos diversidad de voces” (pero se anula de hecho la Ley de Medios de comunicación audiovisual), “Generaremos empleos de calidad” (pero preparamos una reforma de precarización laboral), “Queremos una justicia independiente” (pero se usurpan lugares en el Consejo de la Magistratura y se coordinan acciones  de interés político con la justicia federal), “Cárcel a los corruptos” (y cada día emerge un nuevo iceberg), “Hay grupos armados” (pero se compran armas y pertrechos como nunca antes), entre tantos otros ejemplos.

 

El mecanismo es perverso pero no es perversión, es cínico pero no es cinismo, manipula pero no es manipulación,  borra culpas pero no es expiación, se libra de obligaciones pero no es redención, se vale de las nuevas tecnologías de la comunicación pero no es posverdad, proyecta sobre otros defectos asumidos pero no es solo eso. Es un mecanismo para satisfacer un deseo inconfesable. Es un posdeseo.