Ir a pagina principal
YouTube Twitter Facebook

Parapoliciales y fundamentalismo religioso

2 millones de cariocas ya viven en territorio controlado por las organizaciones parapoliciales que crecen junto al poder del fundamentalismo religioso. Postales de “la otra” Rio: cuna del bolsonarismo.

Militares Rio de Janeiro Ansa Latina
Militares en Río. (Foto: Ansa Latina)

Por Alejandro Brittos. (@abrittos)

Publicado en revista “Il Reportage”. Roma. Junio 2019
Desde Rio de Janeiro

 

 

 

 

Postal 1. Las “milicias”

 
La columna de hombres vestidos con ropas policiales negras y portando armas largas de gran calibre avanza por una de las calles principales de la favela do Rola, en el oeste de Río de Janeiro.

 
Adentro de sus casas los vecinos miran las pantallas de celulares y televisores el resultado de las elecciones celebradas ese día. En todas partes aparece el rostro sonriente del nuevo presidente de Brasil: Jair Mesias Bolsonaro. El fenómeno político y social de la ultra derecha nacido en esta misma ciudad.

 
La columna de hombres armados sigue avanzando en medio de la noche y la oscuridad de las calles de la favela. Comienzan a entrar en algunas calles laterales. Penetran con violencia en algunas casas. Entonces empiezan a sonar disparos. Desde arriba parecen hormigas. Algunos se dispersan, otros se tiran al piso y abren fuego. Otros se protegen contra las paredes de las casas y responden con disparos de metralla. 

 
La escena se repite en diferentes calles durante varias horas. Es la noche del 7 de diciembre y la batalla seguirá hasta la madrugada del 8 de diciembre.  
Parece un operativo policial y de fuerzas de seguridad del Estado. Pero no lo es. Los invasores de la favela son “milicias”. Grupos parapoliciales que actúan en los suburbios de Rio de Janeiro y en algunas localidades cercanas. Su poder es enorme. Dos millones de personas y un cuarto de la superficie de la ciudad ya están bajo su control. En esa zona no hay otra ley que la suya. Allí son dueños de la vida y de la muerte.

 
“Desde mi casa veíamos como avanzaban. Después empezamos a escuchar los disparos. Hubo un momento en que escuchamos diez minutos seguidos de tios y gritos”, cuenta Joao F. Habitante de la favela y trabajador en un hotel de la zona de Ipanema.

 
Varias horas después de finalizada la batalla la Policía Militar (PM) aparece en la favela. Un “caveirao”, un blindado artillado recorre la misma calle ya vacía. Atrás aparecen camionetas y otros vehículos con efectivos. Ahora sí, de la temida PM. Recogen heridos y muertos que quedaron tirados, detienen algunas personas y recogen armas abandonadas en el campo de batalla.
La favela do Rola se encuentra en el oeste de Rio, en la zona de Santa Cruz. A unos 30 km de la mundialmente famosa playa de Ipanema.

 
Con la victoria de Bolsonaro las “milicias” sienten que el apoyo político y social a su acción se fortalece ya que son públicas sus declaraciones favorables a estos grupos.

 
Cuando era diputado Flavio Bolsonaro, hijo y estrecho colaborador del presidente justificó la existencia de estos grupos. “en muchas comunidades algunos vecinos y policías se organizan para que el tráfico no impere en esas regiones. No es raro constatar la felicidad de personas que viven en comunidades supuestamente dominadas por milicias” .

 
Pocos dias atrás trascendió que el ahora senador Bolsonaro tenía como empleados hasta fin del 2018 a la madre y la esposa del principal acusado del asesinato de la concejal carioca Marielle Franco. Marielle era una activa militante por los derechos humanos y de la diversidad sexual. Había denunciado insistentemente el uso de la violencia, el asesinato y la tortura por parte de policías y “milicias” en Rio. El principal acusado de este crimen es el capitán de la policía militar Adriano Magalhaes de la Nóbrega actualmente prófugo. También se lo señala como uno de los principales responsables de la milicia denominada “Oficina del Crimen”, una de las más letales de la ciudad.

 
Luego de este asesinato algunos dirigentes de la comunidad gay empezaron a temer seriamente por su vida. “Me da pánico saber que el hijo del presidente contrató a la esposa y madre de un sicario”, afirma el diputado Jean Wyllys. Este legislador era compañero de partido de Franco y dirigente de la comunidad gay carioca y denunció varias amenazas de las “milicias”. A fines de enero anunció la renuncia a su cargo y su salida del país. “Preservar la vida amenazada es también una estrategia de lucha por días mejores”, afirmó. En enero la diputada opositora Martha Rocha sufrió un ataque a tiros. La diputada preside la comisión de seguridad de la Legislatura de Rio que investiga a estos grupos. Había recibido amenazas a su vida por parte de la “milicia” de la zona norte de la ciudad.

 

El poder de las “milicias” ha llegado a una escala tan grande en Rio de Janeiro que según una investigación del portal noticioso G1 en 2018 cerca de 2 millones de personas viven en áreas bajo control de estos escuadrones. Controlan una superficie total de 348 km². Una cuarta parte de Rio. Lo que equivale a casi la mitad de la población de Roma y un tercio de su superficie.

 
Las “milicias” legitiman su accionar en el fracaso de las políticas públicas de seguridad en el combate a los narcotraficantes. Su método consiste en el asesinato liso y llano de supuestos traficantes y en ocasiones inclusive de sus familias en las favelas. A cambio de este “servicio” de “seguridad” cobran una contribución en dinero a los vecinos y comerciantes de las zonas que ocupan.

 
A medida que fueron creciendo incorporaron otras actividades. Entre ellos venta de gas, agua, transporte,  invasión y venta de terrenos. Pero con la expansión de su poder el límite entre milicias y narcotraficantes se hizo difuso. César Maia ex alcalde de Rio de Janeiro afirma que “en su punto de partida en Rio Das Pedras en 1998 su acción se afirmaba contra el tráfico de drogas. Con la expansión eso se fue diluyendo. Hoy tenemos casos graves que suman tráfico y milicias”.

 

La presencia de grupos parapoliciales no es nueva en Brasil. Sus orígenes se remontan a los “escuadrones de la muerte” que se conformaron en la dictadura militar para asesinar a supuestos delincuentes, opositores políticos y niños de la calle.
La dictadura terminó pero los escuadrones continuaron.  La victoria de Bolsonaro ha fortalecido y legitimado su accionar. Una de las principales consignas de su campaña era el exterminio de los “bandidos”.

 

Elegido por Dios

 
Copacabana se estira en una franja estrecha entre la avenida Atlántica y la playa por un lado y los morros tapizados de selva y favelas por el otro. Sus calles tienen ese ritmo caótico que caracteriza a la ciudad. La avenida Nossa Senhora do Copacabana hierve de autos y colectivos que cruzan a toda velocidad. La vegetación es exhuberante. Las orquídeas rosadas, blancas, amarillas cuelgan de la corteza de árboles frondosos. Algunos niños sin hogar duermen tirados sobre un cartón en la vereda al frente de un supermercado “Zona Sul. Cariocas de Coracao”. Es el cruce de Rua Francisco Sa y Rua Pompeia. Una camioneta con leyendas bíblicas anuncia que Jesús pronto volverá. Grupos de mujeres y hombres reparten periódicos y publicaciones de la “Asambleia de Deus. Victoria em Cristo” uno de los grupos evangelistas más numerosos del país dirigido por el “pastor” Silas Malafaia.

 
A un templo de este culto en esta ciudad llegó Bolsonaro dos dias después de ganar las elecciones presidenciales. Lo esperaba, exhultante, Malafaia. Allí el nuevo presidente afirmó que estaba ahi por mandato divino: “Dios me dió una misión. No soy el más capacitado pero Dios capacita a los elegidos”, sostuvo. Los fieles vitoreaban su nombre y gritaban “mito!” mito ! y “gloria a Dios!”. Malafaia estuvo en envuelto en varias polémicas por sus mensajes homofóbicos, contra el feminismo y el Partido de los Trabajadores del ex presidente Lula. Es uno de los más firmes impulsores de la campaña de Bolsonaro. Según un informe publicado por la revista Forbes, Malafaia es dueño de una fortuna de $ 150 millones de dólares.

 
Por las calles de la ciudad las leyendas con frases evangélicas invaden los negocios. Los autos particulares y el transporte público. Incluso los folletos para turistas vienen con citas bíblicas. “Deus é fiel”, asegura la marquesina de una panadería mientras ofrece su mercadería. Los templos evangelistas se multiplican en casi todos los barrios. Una de las que más se ve es la “Iglesia Universal del Reino de Dios”, dirigida por el “pastor” Edir Macedo. Según Forbes es el pastor evangélico más rico del país, con una fortuna estimada en $950 millones de dólares.
Brasil siempre tuvo un componente religioso importante en su cultura popular. Ahora la peligrosa novedad es la de un gobierno con fuerte presencia de generales y militares en actividad con ministros religiosos ultra ortodoxos. Todos con la convicción que vienen a cumplir una “misión” divina de restaurar los “valores cristianos” pervertidos por el feminismo, la homosexualidad y el comunismo(sic).

 
El propio Bolsonaro en su discurso inaugural sostuvo que “combatirá la ideología de género” y el “marxismo que infecta nuestras escuelas”. Como si la igualdad de género y el derecho a la diversidad sexual fuesen una “ideología”. La nueva ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damaraes Alvez, sintetizó su visión de la familia y la diversidad sexualidad cuando dijo que en el nuevo Brasil “los niños vestirán de azul y las niñas de rosa”. 

 
No se trata simplemente de una frase absurda. Forma parte central de la visión del mundo del nuevo gobierno. Uno de sus principales ideólogos es el “filosofo” y astrólogo Olavo de Carvalho. Radicado en EEUU cree que la lucha por la igualdad de genero y por los derechos de la diversidad sexual forman parte de una “conspiración marxista” contra los valores cristianos de Occidente. En su visión los “marxistas” controlan buena parte de la prensa y de las universidades. En su primer discurso luego de ganar las elecciones Bolsonaro apareció en un video grabado en el que podía verse un escritorio con un ejemplar de uno de los libros de Carvalho de un lado y una Biblia del otro. 

 

Arte y terrorismo de Estado

 
La mujer está tirada en el piso. Parece muerta. Entre sus piernas hay cucarachas y otros insectos ensangrentados. Por un parlante se escucha la voz del presidente. “Por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra. El terror de Dilma Rouseff”, grita.

 
La mujer está rodeada de un anillo de gente. Artistas. Periodistas. Camarógrafos. Público. Y un grupo policías militares que miran la escena.
La escena transcurre en la calle y forma parte de la Performance Literatura Expuesta. Recrea una historia verídica de una mujer torturada durante la dictadura militar. Una de las torturas más crueles que sufrió era introducirle cucarachas y otros insectos vivos en su vagina. La obra es una crítica a la tortura.

 
La exposición debió haberse realizado en los primeros días de enero en el interior de la Casa Francia-Brasil en una zona céntrica de la ciudad. Un centro cultural perteneciente al gobierno del Estado de Rio de Janeiro. Pero el gobierno resolvió cancelar la exposición alegando problemas formales. El colectivo de artistas que formaban la obra entendió que se trataba de censura. Resolvieron llevarla adelante en la calle. Un pelotón de Policías Militares intentaron impedir que se haga.

 
El coronel Carlos Ustra era un famoso jefe militar famoso por su ferocidad condenado por asesinatos y torturas. La ex presidenta Rouseff perteneció en su juventud a una organización guerrillera que luchó contra esa dictadura. Fue detenida y pasó varios años en prisión. Allí fue salvajemente violada y torturada.

 

 
El audio que se reproduce en la exposición corresponde al momento en que Bolsonaro le dedica su voto positivo en el golpe de Estado que la destituyó de la presidencia.

 

 
También son conocidas sus declaraciones de apoyo a la dictadura brasileña que se extendió entre 1964 y 1985. “El periodo militar no fue una dictadura como la izquierda siempre pregonó”, sostuvo el presidente en una entrevista difundida en octubre pasado a la red de televisión Band.

 
Los militares llegaron al poder en Brasil en los 60 mediante un golpe de Estado clásico, depusieron al presidente democrático, prohibieron los partidos políticos, disolvieron el parlamento, y se mantuvieron en el poder por 20 años sin realizar elecciones. La Comisión de la Verdad establecida en el gobierno de Dilma Rouseff constató la responsabilidad directa del regimen militar en la desaparición y asesinato de al menos 426 personas.

 

 
Rio es dueña de una belleza paradisíaca. Desde el Pao de Azucar el atardecer se refleja en la bahía de Guanabara atravesada por el gigantezco puente a Niteroi. Decenas de veleros se mueven en la costa. Mientras una multitud de barcos transatlánticos de carga esperan su turno para ingresar al puerto. Los modernos edificios se recortan entre las playas de un mar esmeralda. La selva cubre los morros. “Es la ciudad más linda del mundo. Mezcla de mar, montaña, ciudad hipermoderna y selva tropical. Pero tiene un problema. Es una ciudad en guerra”, cuenta Catin Nardi, un titiritero santafesino radicado en Brasil hace 30 años.

 

 
Gobierno ultra religioso. Persecución a la igualdad de género y la diversidad sexual. Parapoliciales asesinando e invadiendo las calles de los suburbios pobres. Censura al arte crítico. Reivindicación de la tortura y del terrorismo de Estado.

 

 
Las postales podrían ser parte de un documental de la década del 30 en Alemania, Italia o España.
Pero es 2019. Es Río de Janeiro.