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La cuarentena no enamora, lo que enamora es cuidar la salud

La militancia anti aislamiento asegura que el gobierno estira la cuarentena porque se siente cómodo. Sin embargo, datos oficiales demuestran que la caída de la actividad económica complica las arcas de los estados nacionales, provinciales y municipales y ese el escenario menos deseado por cualquier dirigente. No puede haber otro motivo para sostener el aislamiento que no sea salvar miles de vidas.  

 

Coronavirus Pandemia quedate en casa
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Por María Eva Bellini(*) (@mariaevabellini) y Agustín Neme (**) (@NemeAgu)

 

Los recientes datos publicados por Indec respecto al Estimador Mensual de Actividad Económica arrojan una caída del 11,5% para el mes de Marzo de 2020 respecto al mismo periodo del año 2019. Si pensamos este dato en el mes donde solo hubo 10 días de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, no es muy difícil imaginar los datos que resultarán para el mes de Abril: una continuidad de la caída de la actividad económica.

 

Los sectores productivos más perjudicados, si tenemos en cuenta su dinamismo en términos de generación de puestos de trabajo, han sido la construcción (- 46,5%) y la actividad de hoteles y restaurantes (- 30,8%).

 

Los anteriores datos, demuestran que sólo ante el riesgo de la reproducción de la vida, y por lo tanto la de los y las trabajadores, cualquier gobierno estaría dispuesto a soportar estas cifras.

 

Uno de los impactos de la situación económica que describimos precedentemente es la caída de la recaudación para los Estados. Para todos sus niveles, las administraciones deben por un lado reforzar sus transferencias (incrementarlas), pero por otro el parate de la actividad económica perjudica sus finanzas. Aquí se da una paradoja, mientras los Estados gastan a precios de hoy, recaudan a precios pasados. Ambas situaciones perjudican las herramientas fiscales que poseen las administraciones.

 

Cifras que nos indican esta situación son los datos de coparticipación indirecta a Municipios y Comunas de nuestra provincia. Para el mes de marzo la coparticipación a gobiernos locales proveniente de los impuestos nacionales tuvo una caída en términos reales del 22,10%, respecto al mismo mes del año anterior; para el caso de la coparticipación de Ingresos Brutos la caída a valores reales fue del 5%. Para el mes de abril, esta tendencia se profundiza arrojando una caída a valores reales del 40% para los recursos nacionales, y del 11,5% de los provenientes de la administración provincial.

 

Este sacrificio no se estaría realizando si no estuviera en peligro la vida de las y los argentinos. Es muy difícil enamorarse de estos números. Por el contrario, lo que enamora es el aplanamiento de la curva de contagios, haber podido incrementar la infraestructura sanitaria en tiempo récord, y la importancia de un Estado presente para gestionar la pandemia.

 

La recuperación económica se irá dando a medida que se “pase de fase” de aislamiento. En este sentido, los datos lo demuestran, la coparticipación de recursos de jurisdicción nacional para la primera quincena del mes de mayo se incrementó respecto a la primera quincena del mes de abril un 88,19%. Al no estar permitidas la totalidad de las actividades, la recaudación para este mes es un 12% menor que la primera quincena de marzo, en un estadio “pre pandemia”. Cabe destacar que la realidad nacional no es la circunscripta al AMBA y su disparada de casos, son muchas las provincias argentinas que por diversas razones (la demográfica es una de ellas) han podido gestionar de manera correcta y eficiente la crisis, lo cual les ha permitido reanudar actividades industriales, comerciales y administrativas, poniendo en marcha nuevamente la rueda de la economía.

 

En definitiva, la falsa dicotomía entre privilegiar la salud o la economía carece de sustento cuando observamos el desenvolvimiento de aquellos países que priorizaron el mercado por sobre la sociedad: no sólo tienen récords de muertes y contagios sino que, a su vez y a causa de ello, presentan derrumbes en sus indicadores económicos. Con lo cual, el único enamoramiento que existe es la protección de la vida. La rapidez en la que lleguemos a la “nueva normalidad” depende de responsabilidades estatales en el cuidado del tejido social, pero también de las acciones personales que inciden en el comportamiento de la sociedad en su conjunto.

 

(*) Licenciada en Economía.

(**) Estudiante avanzado de Ciencias Políticas.