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“La Búsqueda…de un mundo mejor”

Empezó como una revista y hoy es una de las Asociaciones Civiles más importantes de la ciudad. Enclavada en el corazón del populoso Barrio San Lorenzo de la capital provincial, “La Búsqueda” recibe a decenas de personas todos los días. Su vicepresidenta, y una de las fundadoras, advierte: “Hoy volvemos a ver otra vez, como en 2001, mucha gente hurgando en las bolsas de basura. Hacía mucho tiempo que no pasaba”.

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Cristina Moreaux en uno de los talleres.

Por Sebastián De Marco (@sebademarco1)

Fotos: Matías Pintos (@MatiasPintosPH)

Son las cuatro de la tarde y Barrio San Lorenzo se está desperezando de la siesta. Sin embargo, en la “La Búsqueda” hay movimiento permanente. Decenas de pibas y pibes de diferentes edades están ocupados en distintas actividades. Reciben a Diario Santa Fe, saludan y, después de unos segundos de curiosidad siguen “en la suya”. A primera vista puede observarse que el espacio físico está saturado por los elementos de trabajo y la producción de los diferentes talleres que se realizan en la casa de General López al 3.800.

Cristina Moreaux es quien enfrenta el grabador para empezar la charla. Es la vicepresidenta de la Institución, la directora de la revista y una de las fundadoras. Es visible que conoce en detalle todo lo que pasa allí, pero de inmediato aclara: “Más allá del cargo, acá todos nos ocupamos de todo”.

El principio

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Revista “La Búsqueda” orgullo de sus autores.

La revista “La Búsqueda” se transformó en una publicación clásica de la ciudad de Santa Fe, tanto para sus asociados que la reciben mensualmente como para aquellos que la compran ocasionalmente a sus vendedores. Pero la idea surgió en plena crisis económica y social del gobierno de De la Rúa.

“En realidad todo comienza en 2001 – Cuenta Cristina – por mi barrio iban a pedir muchos niños, yo hablaba con ellos. Me contaban que iba a un hogar de día a comer. Les propongo armar una biblioteca, conseguimos materiales. Empezaron a venir chicos, hasta que en un momento éramos 13. Acondicionamos el lugar, ellos me contaban sus historias y ahí me prendió la idea de por qué no hacer que la gente conociera sus historias”.

Luego, para armar la revista, comencé a invitar a otras personas que habían trabajado conmigo en algunos talleres en otros barrios. Les cuento la idea, se los propusimos a los chicos, pero siempre como un proyecto autogestivo: conseguir publicidad, para sostener el espacio, para editarla. Porque hay que educar con el ejemplo, es decir, si queremos que algo funcione hay que ocuparse del tema”.

El trabajo fue creciendo y tiempo después llegaría la Asociación Civil. Sin un lugar fijo (desde casas particulares hasta la ocupación de la Estación Mitre), y con muchas complicaciones, el trabajo ascendía día a día.

“Nuestro caso es bastante atípico. La revista aparece en junio de 2004 y en 2009 recién nos constituimos como asociación. En realidad el crecimiento de la propuesta del proyecto con chicos en situación de calle, en primer lugar y en vulnerabilidad social después, fue muy grande, prendió mucho en la sociedad y nos vimos condicionados a formar la Asociación Civil para tener una presencia formal, alquilar un lugar”.

Por qué La Búsqueda

Si bien cada uno tiene su trabajo y su rol hay cuestiones que se resuelven entre los jóvenes y los adultos. Por ejemplo, el nombre. Surgió luego de una elección entre los talleristas y los/as chicos/as que hacen la revista. Al cumplirse cinco años de la existencia de la publicación, una de las jóvenes fundadoras de la revista envío una carta. Cristina Moreaux la recita de memoria como si la estuviera leyendo: “A mi querida revista que cumple 5 años: éramos un grupo de jóvenes que nos juntábamos, algunos buscando un amor, otros buscando un plato de comida, otros amistad, otros entretenimiento, pero todos, todos, buscábamos un mundo mejor”. “A partir de ahí nosotros nos apropiamos de esa idea”, dice la vicepresidenta.

A pulmón

El movimiento en “La Búsqueda” es permanente. Entre todas las actividades pasan por allí unas 100 personas. Quienes trabajan en el lugar se encargan de aclarar permanentemente que todo es gratuito y autogestivo, sin ayuda estatal.

Cristina cuenta que hay talleres de fotografía, de escritura, de diseño, periodismo gráfico, y de comprensión de texto que luego se vuelcan en la revista. La publicación se sostiene con publicidad y con la venta que realizan jóvenes desde 14 años (previamente autorizados por la institución) a los que les queda el 50% de las ganancias, y el resto es para la próxima edición.

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Cristina Moreaux

Durante las vacaciones hay talleres de apoyo escolar en los tres niveles: primario, secundario y terciario. Aquí se hace un especial énfasis en los chicos que van a ingresar en la secundaria: “Habíamos visto que los chicos llegaban a primer año pero sabíamos que ese era su límite. Repetían cinco veces hasta que no los recibían más y el chico quedaba perdido adentro del barrio donde no salen, ni siquiera toman un colectivo. Muchas veces eso significa perderse en la droga y el robo. Y esos trabajos lo hacemos entre escuela, familia y el chico. Todos juntos. Y tenemos talleres para mantenerse en el secundario”.

A mediados de mes se realizarán cursos para adultos con el ministerio de Trabajo y de Educación. Además de talleres de Auxiliar Administrativo y Operador de PC.

“Por la mañana tenemos un proyecto que se llama manos mágicas. Nosotros los capacitamos en confección en blanco, les enseñamos a trabajar, a cortar, a coser. Los invitamos, una vez tomado el curso, a que se queden y les facilitamos el espacio físico y las herramientas. Los ayudamos a que hagan proyectos para formación de cooperativas o pre cooperativas. Lo que recaudan es para los integrantes del proyecto. Ya lleva cinco años”, agrega Cristina.

Entre las satisfacciones y la dura realidad

 

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Alejandra, en plena labor.

Mientras Alejandra ayuda a niños y niñas de primero, segundo, tercero y cuarto grado a hacer las tareas de vacaciones, cuenta que hace 7 años que hace ese trabajo. “Me acerqué porque tenía a mi hijo que venía acá. Conocí el lugar, al año siguiente vine a hacer un curso y me quedé, no me fui más”.

“Decidí hacerlo porque me gusta mucho trabajar con los chicos. Estudié maestra jardinera aunque no terminé, me faltó poco. Me gusta también el trabajo social, acá los chicos necesitan afecto, contención más allá el apoyo escolar. De a poco me fui metiendo y ahora estoy prácticamente desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde”.

Por su parte Crsitina Moreaux agrega: “Tengo muchas satisfacciones. Aquí hay una retroalimentación permanente que se basa en el amor y el respeto. Mis decepciones tienen que ver con los gobiernos, con los partidos políticos pero no con la gente que trabajamos”.

“Vemos en el profundo deterioro en el que hemos caído en un año. Parece poco pero en la vida de una persona es mucho. Un año en el que no se trabaja, se perdieron las changas, no se tiene ni para comer. Incluso, en este año que pasó, muchos de nuestros compañeros de trabajo han perdido su empleo. La situación del país ha cambiado”.

“Yo vuelvo a ver con mucho dolor el mismo espectáculo que en 2001. Donde hay muchos chicos hurgando en la basura. Hacía mucho tiempo que no se veía. No estoy haciendo ningún tipo de demagogia con esto porque nosotros no somos funcionarios ni tenemos compromisos, acá es todo a pulmón”.

“Pero hubo un proceso de políticas económicas que permitieron que nosotros podamos dedicarnos a lo que realmente somos: un proyecto comunicacional, no tuvimos que salir a buscar un plato de comida. Hasta que unos hermanitos nos dijeron: dame algo de comer, aunque sea un pedazo de pan. Ahí empezamos a pensar que debíamos darle una merienda”.

 

Cómo participar ayudando:
Para continuar con sus actividades la institución necesita no solo socios y donaciones, sino también voluntarios. Para comunicarse con “La Búsqueda” contactarse a los teléfonos 4585095—4591200 o a las siguientes direcciones de mail: labusquedaong@gmail.com , labusquedarevista@hotmail.com