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El cuerpo femenino en la televisión

Una aproximación, desde una perspectiva de género, al debate sobre la exhibición de la mujer en los medios.

Tinellipollerita

Por Mariana Steckler

@marianasteckler

“Pero lo más intrincado de estas cuestiones a nuestro juicio, es que dentro del binomio cuerpo/mente el cuerpo pasa a ser un objeto y la mente el sujeto. Pero si avanzamos un poco más, en nuestra sociedad androcéntrica, los hombres serían el sujeto y las mujeres el objeto. El cuerpo femenino llegaría a ser el objeto del objeto. Esta es la trampa. Porque si el cuerpo femenino es un objeto de un objeto (la mujer dentro del mundo masculino) el valor asignado será más bajo que el de un objeto y solo podrá elevarse según su valor de intercambio” [1]

En la actualidad, casi nadie discute el poder de los medios masivos de comunicación para instalar agenda, aquello que luego será debatido en los distintos espacios de la sociedad. Para algunos más, para otros menos, son formadores de la opinión pública con una importante potencialidad para incidir en la conciencia social.

Resulta importante, entonces, analizar los estereotipos femeninos (y dentro de éstos específicamente el cuerpo de la mujer) en los medios masivos (en particular en la televisión) con espíritu crítico y conscientes del poder de reproducción de patrones culturales y también depersuasión que poseen los medios.

Tres mujeres reflexionan sobre la temática: Beatriz Gutiérrez, integrante de la Multisectorial de Mujeres de Santa Fe, Majo Gerez, secretaria de género CTA Rosario y Ximena Frois, educadora en sexualidad y género, integrante del equipo ESI (Educación Sexual Integral del Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe).

¿Por qué sería un tema que merezca la pena analizarse?, se les consultó y Gutiérrez afirma que los altos niveles de violencia contra las mujeres se legitiman desde los medios “fundamentalmente a través de la manipulación de las imágenes del cuerpo femenino en la televisión que por su característica de ubicuidad llega sin obstáculos a la mayoría de los hogares”.

¿A qué tipo de imágenes se refiere? “Por un lado, la televisión formatea una idea de belleza “inclusiva” que daña la psiquis de las niñas, adolescentes y jóvenes haciéndoles creer que no les queda otra más que pertenecer a ese ideal, y muchas veces ese ideal les significa transitar por enfermedades como bulimia, anorexia, depresiones e intervenciones quirúrgicas peligrosas para sus cuerpos.”

Otra característica que acelera la penetración en la sociedad de determinados patrones culturales sobre el cuerpo de la mujer tiene que ver con la ´coincidencia´ de su exhibición en los programas más exitosos en términos de medición de audiencia. “Hay infinidad de programas exitosos en los que se configura a la mujer como personaje secundario, ornamental y destinatario de bromas sexistas a contracara de un varón fuerte, seguro y ´ganador ´y que no hace más que legitimar las formas de violencia contra las mujeres.”

Pero donde Gutiérrez centra más su atención es en el caso de las publicidades televisivas: “Las publicidades siguen anclando a las mujeres al lugar doméstico, haciéndolas responsables de las elecciones del consumo familiar, pero además son destinatarias de campañas seriales que la colocan en el papel de una consumidora voraz  de cosméticos, playas, ropas; esto con un doble juego: no la muestra inteligente, pero sí apunta a que decida la compra: y en esto recuerdo a la pareja de la tarjeta de Banco Galicia.  El mercado es quien define qué mujer necesita para seguir alimentando el engranaje de la economía y para ello utiliza recursos económicos, simbólicos, sociales y culturales ocultando toda posibilidad de autonomía de la mujer.

Sin embargo, su reflexión final es optimista respecto del futuro: “Algunos cambios se van logrando, muchas veces por empuje del movimiento de mujeres y el seguimiento a través de observatorios de medios o acciones focalizadas se va plasmando la posibilidad de rever y discutir nuevos tratamientos y formatos. Podemos celebrar la formación de redes de comunicadoras y comunicadores sociales que se atreven a romper con la hegemonía del discurso y además trabajar en la construcción de guías y protocolos destinados a comunicar a sujetos y sujetas de derechos. Por otro lado, es necesario seguir insistiendo en la formación de comunicadores con perspectiva de género y además hacer posibles sanciones ejemplificadoras a los medios que violen los derechos humanos de las mujeres a través de un observatorio con más herramientas y presupuestos.”

Por su parte, Gerez asegura que los medios hegemónicos operan en los sentidos a través de las imágenes que construyen de las mujeres. “El ideal de belleza, la reproducción de la mujer como ama de casa, ´cuidadora natural´, nos sigue ubicando en un lugar de subordinación con respecto a los varones, como si nuestro lugar en la sociedad fuera el de ser y estar para satisfacer a un otro. La imagen que los medios reproducen sobre qué es ser mujer impacta como mandato, muchas veces opera de manera inconsciente aunque la mayoría de las veces de una manera burda. Nos dicen cómo tenemos que vestirnos, que debemos ser delgadas, que podemos trabajar pero no podemos dejar de cuidar a otros, seguir siendo quienes se encargan del trabajo doméstico. “

Por otro lado, existe hipocresía en ciertos programas a la hora de abordar la temática de género “En un mismo programa luego de condenar la violencia de género porque es políticamente correcto, al instante se hacen comentarios que siguen reproduciendo esa desigualdad. Lo mismo pasa en el corte comercial con sus publicidades, se lo muestra como compartimentos estancos cuando están totalmente relacionados.”

Gerez posa su mirada crítica sobre la comunicación en general “nos falta una comunicación no sexista en un sentido integral”, aunque también es optimista: “En los últimos tiempos se están empezando a escuchar con mayor relevancia otros discursos. Hay periodistas, en su mayoría mujeres, aliadas del movimiento de mujeres y feminista, que pelean en sus redacciones y con sus jefes para que nuestras luchas se reflejen, para colar una nota.Luego del Ni Una Menos, algo despertó en nuestra sociedad, y los medios son expresión de esos cambios culturales que se vienen gestando. Pero también cumplen un rol importante en sociedades tan mediatizadas como las nuestras, y en ese sentido tienen que hacerse cargo de cumplir con los protocolos y guías para comunicar desde una mirada no sexista, igualitaria y que respete y visibilice las diversidades sexo-genéricas.”

Frois desasna la cuestión teórica que está detrás de la exhibición en todas sus formas del cuerpo femenino en los medios:  “Cuando hablamos de violencia contra las mujeres se suele circunscribir la cuestión al acto violento sobre su cuerpo, pero desde los estudios de género se puede advertir que la violencia física es la resolución de la violencia simbólica, es el éxito que tiene la violencia simbólica sobre el dominio del cuerpo de las mujeres. Es necesario comprender que para que precipite un acto en violencia tiene que haber un discurso que lo sostenga (ese discurso pueden ser palabras e imágenes) que se va construyendo durante toda la vida.

Natura o cultura

“Cuando nacemos nos asignan un género que es el resultante de una construcción cultural, no es natural, si lo fuera deberíamos preguntarnos por qué tanto esfuerzo de la cultura por mostrarnos lo que tenemos que hacer. Hay una violencia simbólica subjetiva subterránea y por eso es necesario hablar de los procesos culturales. Una de las usinas más importantes para lograr eso es la televisión, los otros medios tienen algo más de crítica (la gráfica y la radio) incluso hay compañeras formadas en género en esos medios, pero no abundan en la televisión.

Por último, Frois sugiere: “En la televisión debería haber más momentos para el análisis y la autocrítica, sin embargo, manda el mercado que como sabemos refuerza los estereotipos. La televisión pone el cuerpo de la mujer como objeto y como muñecas vivientes, están puestas para el deseo de los hombres, para el goce de los demás, deben asumir un rol de tontas. Por eso son tan necesarios los espacios como el Observatorio del Público creado por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.”

“Si el cuerpo femenino en la televisión tiene dos representaciones fundamentales: su utilización a la hora de mantener en orden un hogar (pasivo) y su rol de prostituta (como el activo), entonces tenemos el deber de desarmarese sentido común, y los medios tienen esa posibilidad, allí mismo donde se lo refuerza podría también cuestionarlo hasta desarmarlo”, finaliza.

Necesitamos más periodistas formados en perspectiva de género, hombres y mujeres con el compromiso de tomar en serio estos temas, casi como una voz en coro coinciden las tres entrevistadas.

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[1]El uso del cuerpo femenino en los medios de comunicación masiva. Cuerpos femeninos en programas y publicidades de la televisión argentina actual. Estereotipos, roles y criterios de belleza.Marisa Gugliotta. Tesis para optar por el grado de Magíster en Educación Corporal Directora Magister Daniela Yutzis, Universidad Nacional de La Plata