Ir a pagina principal
YouTube Twitter Facebook

Del “queremos preguntar” al no periodismo

Sobre conflictos de trabajadores, represión policial y policías mediáticos.

AlessoLongobardifinal
Sonia Alesso y Marcelo Longobardi.

Por Sebastián De Marco

Viejos tiempos aquellos en los que había en la TV Pública un programa oficialista que generaba la indignación de los buenos, puros e independientes del periodismo. Rabia trasladada a un importante sector de la sociedad. Tiempo nuevo este (ya sin Bernardo que debe estar muy contento con la actualidad) en que ya casi no hay periodismo de investigación o con opiniones contrarias al gobierno en los grandes medios de comunicación.

Desde esos mismos conglomerados de divulgación de “verdades irrefutables” se hablaba durante el gobierno anterior de escasa libertad de prensa al tiempo que no había fisuras en publicar (en radio, televisión, gráfica e internet) decenas de opiniones e informes periodísticos que apuntaban a la cabeza del poder político de entonces. Algunas de esas presentaciones periodísticas, habrá que decir, con buen respaldo documental y una mayoría “floja de papeles” con demostrada intención de operación política.

En ese contexto, las estrellas periodísticas de esos grupos encontraron el punto principal por el cual, según ellos, no había libertad: la Presidenta no brindada conferencias de prensa. Lograron, con el poder de instalación que poseen, que algo atendible quizás para el mundillo periodístico se haga causa nacional. Algo que parece un tanto alejado a las reales demandas de un pueblo (sobre todo por las situaciones que hoy se viven en el país), pero lo lograron. El punto más visible ocurrió en el “desaparecido” programa de investigación de Jorge Lanata. Una bizarra y recordada puesta en escena en “Periodismo Para Todos”. Los mediáticos opositores de aquel momento cantando al unísono “¡Queremos Preguntar!”.

 

Finalmente, por los que tanto militaron esos periodistas “independientes” se cumplió. La oposición ganó las elecciones. Es innegable que hubo cambios en la relación del gobierno con la prensa, o mejor dicho, con esa prensa. Pero ese periodismo tampoco es el mismo. Los dardos ya no están orientados al poder, sino desde el poder, a través de los comunicadores de estos medios.

La ecuación no es muy complicada: se prepara el terreno desde las editoriales de estos medios (acordada previamente con las oficinas oficiales: Marcos Peña- Durán Barba), las estrellas mediáticas lo convierten en el tema más importante y, en consecuencia, desde el gobierno se toman las medidas correspondientes que serán vistas con buenos ojos en esos mismos medios de comunicación. Retroalimentación y pocas fisuras en el discurso lo llaman, no periodismo.

Con esa lógica hace tiempo que ya no se habla de los motivos por los que a lo largo y ancho del país existen cortes, marchas y protestas. Pareciera que no hay suspensiones, despidos, pérdida del poder adquisitivo, cierre de empresas, millones de nuevos pobres ni ningún motivo para que esto ocurra. El foco informativo, para ocultar esas razones, está puesto en quienes llevan adelante los reclamos, de qué manera y cómo hacer para eliminarlos…a los reclamos.

Y ese “trabajo” no requiere prolijidades ni sutilezas. El objetivo es claro y debe cumplirse, las formas no son lo importante. Una muestra de ello es lo que ocurrió con la dirigente de Ctera Sonia Alesso en el programa de la primera mañana de Radio Mitre que conduce Marcelo Longobardi.

El domingo todo el país (por un momento sólo los que veían C5N, luego lo transmitió el resto de los canales) observó cómo la policía reprimía a un grupo de docentes que intentaban instalar una carpa itinerante para reclamar que Nación cumpla con la Ley y convoque a paritarias. La actuación de los uniformados y la detención de maestros no hicieron más que echar litros de combustible al conflicto contra los docentes que el martes realizaron un paro en repudio a que les peguen, nada menos.

El día de la medida de fuerza, en uno de los programas más escuchados de la radiofonía argentina llamaron a la dirigente sindical para terminar ese trabajo que desde el centro de poder mediático había comenzado el domingo. No fue un diálogo (algo que tanto pregonan), no fue una entrevista (pues nunca importó lo que dijera la entrevistada), tampoco una discusión válida en un reportaje, ni siquiera un “fuerte cruce” como lo quisieron mostrar desde el emporio mediático. Fue una llamada para linchar al aire a Sonia Alesso, para agredirla (a ella y a todo aquel que quiera protestar como lo hacen los docentes) sin un solo argumento sólido, sin datos periodísticos.

Un grupo de supuestos indignados, policías mediáticos al micrófono peleándose entre ellos para ver quién se animaba a ir más allá con quien estaba del otro lado de la línea. Y eso no es periodismo, es cualquier cosa, menos periodismo.

 

SONIA ALESSO EN EL PROGRAMA DE LONGOBARDI (AUDIO)

 

¿El objetivo? Ofrecer carroña sangrienta a esas hienas alimentadas por ellos mismos durante años. Ese odio que sembraron por años hay mantenerlo, sembrarlo. Alguna vez Alejandro Dolina llamó a este tipo de comunicación “Tráfico de odio”. “Cuidado con el odio porque empieza diciendo que fulano hace compras en los free shops de no sé dónde y termina con un odio que ocasiona hechos de violencia y al final ocasiona ofensas que ya no se pueden perdonar y eso puede llegar a hacer que una Nación sea inviable. No podés traficar con el odio de esta manera, basta, un poco de inteligencia por favor que nos puede salvar a todos”, decía el filósofo al referirse a las que eran, por entonces, informes de Jorge Lanata.

Luego, claro, serán los primeros sorprendidos, por ejemplo, si un padre o una madre agrede a un docente al que ellos mismos llamaron delincuente, patotero, barrabrava, vago que deja a los niños sin clase; cuando estaba reclamando llegar a fin de mes.

Esa licencia para envenenar sólo puede hacerse con la espalda que brindan los tanques mediáticos al servicio del poder. Y en algún punto es lógico que actúen de esta manera. Las grande empresas de medios, los periodistas estrella, los fiscales de la moral, han recuperado su lugar, están aún exultantes y defenderán como sea ese status, cueste los que cueste, aun con golpes debajo del cinturón, fuera de toda norma profesional, ética y hasta legal.